Conclusiones sobre el análisis geométrico de las marcas de cantero

Validar el método seguido por el cantero para marcar los sillares nos brindará la oportunidad de proponer algunas hipótesis sobre la funcionalidad de las mismas. Puesto que las formas utilizadas son esquemáticas, con una estructura geométrica que respeta un modelo básico de red (triangular, cuadrangular o circular), el método más apropiado para este análisis previo debe ser necesariamente geométrico.

Una de las conclusiones que se desprenden del análisis de más de trescientas marcas grabadas en los edificios sacros levantados entre los siglos XIII y XVII; siguiendo estilos que van desde el románico al pre-gótico, gótico y proto–gótico, durante una etapa en que la Cristiandad levantaba las más monumentales iglesias y catedrales de su historia con los rasgos comunes de su factura por procedimientos lapidarios (grabados o rayados con un cincel fino o puntero), es que debió existir una directriz que ordenaba tanto las formas como la ubicación de las marcas y que hubo muy pocos canteros de los llamados libres, no sujetos a la disciplina de una Cofradía o Hermandad, que no conocieran las señales de aquéllas.

 

Consideraciones previas


 

Validar el método seguido por el cantero para marcar los sillares nos brindará la oportunidad de proponer algunas hipótesis sobre la funcionalidad de las mismas. Puesto que las formas utilizadas son esquemáticas, con una estructura geométrica que respeta un modelo básico de red (triangular, cuadrangular o circular), el método más apropiado para este análisis previo debe ser necesariamente geométrico. Ésta es la conclusión que se desprende tras el análisis de más de trescientas marcas grabadas en los edificios sacros levantados entre los siglos XIII y XV; siguiendo estilos que van desde el románico al pre-gótico, gótico y proto–gótico. Una etapa en que la Cristiandad levantaba las más monumentales iglesias y catedrales de su historia con los rasgos comunes de su factura por procedimientos lapidarios (grabados o rayados con un cincel fino o puntero), lo que indica que debió existir una directriz que ordenaba tanto las formas como la ubicación de las marcas y que   hubo muy pocos canteros de los llamados libres, no sujetos a la disciplina de una Cofradía o Hermandad, que no conocieran las señales de aquéllas.

 

Análisis geométrico


 

El método geométrico que proponemos no pretende ser un análisis trascendente de las marcas, sino conocer cuál es su constitución interna respecto a unos modelos que explicamos serían los teóricamente utilizados por las razones que ya expusimos [Rendón Gómez, Álvaro, "Una propuesta para el análisis geométrico de los signos lapidarios: los tres modelos de red"; publicado el 05 Enero 2013 20:20, en esta misma web.

a) Partimos de la fotografía frontal de la marca; es decir, una instantánea tomada con el eje del objetivo perpendicular al plano del sillar. Este detalle es importante porque de este modo evitaremos las posibles anamórfosis en el registro de la marca con la que vamos a trabajar.

Importamos la fotografía desde un programa de dibujo asistido por ordenador (Freehand o Ilustrator) y redibujamos las líneas principales, procurando ajustarlas al grabado. En este punto es muy importante atender a los comienzos y terminaciones de las líneas y los centros de arcos para interpretar correctamente el conjunto de la marca.

b) Superponemos a las redes el dibujo confeccionado. En los primeros análisis trabajaba con los tres tipos. Primero, evaluaba el comportamiento de la marca sobre la red Triangular; después, sobre la Cuadrada y, finalmente, sobre la Circular. Con el tiempo, uno desarrolla una intuición que nos indica el modelo al que se ajusta mejor la marca.

Una vez evaluado y seleccionado el modelo, comprobaremos el número de coincidencias en centros, líneas y nódulos (intersecciones de líneas). Si fuera necesario, se aumenta o disminuye proporcionalmente el tamaño del dibujo hasta encajarlo al modelo de red. Este último paso es meramente estético pues lo que debe regir en la elección tanto del modelo como del tamaño es hallar el mayor número de coincidencias.

Aunque este segundo paso pueda parecer poco científico, nada ortodoxo o excesivamente fundamentado en los “acasos”, diré que en las tres redes propuestas hay un buen número de puntos, líneas y espacios en blanco, en la que, diréis, es fácil la coincidencia de casi cualquier marca. Pero, si probáis, no es cierto: hay modelos que se ajustan como un guante a las proporciones de las líneas, a los puntos de intersección, a los centros, a las ubicaciones de arcos, radios, etc.

c) Ajustamos el dibujo a la red, tratando de evitar que se produzcan deformaciones. Es cierto que durante la corrección de ángulos, alargamiento de líneas, acoplamiento de centros, etcétera, puedan producirse deformaciones, pero el analista aplicará su mejor criterio para adaptar la marca, realizada sobre la piedra por procedimientos algo más rudos que los que empleamos al dibujarla, y que podían provocar que el modelo teórico que quiso plasmar el cantero no se ajustara a la perfección. La marca ha podido sufrir variaciones debidas no sólo a la manera de ejecutarse sino también por el paso del tiempo y las condiciones atmosféricas que pudieron deteriorar los finales de líneas, orificios, longitud de trazos, etcétera.

Además, no siempre es posible orto-fotografíar la marca debido a su situación respecto del espectador: difícil acceso por la altura, escasa iluminación, luces indirectas que alargan o acortan líneas, etcétera. Además, hay manufacturas que son más rigurosas con el trazado: una marca tallada a golpe de puntero difiere de otra rayada que se ha tirado con la ayuda de regla y compás, por ejemplo.

d) Completamos el análisis señalando la posición de centros, nodos, puntos por donde debe pasar una línea de referencia, relaciones de comienzo y fin de una línea, tangencias y enlaces, radios, y otras peculiaridades de trazado.

e) Añadimos el ángulo de variación de la fotografía de la marca respecto de la vertical al suelo (a plomada) a fin de que el investigador conozca ese dato. Lo ideal sería comprobar este ángulo con las huellas del mismo sillar (laterales o de bases) en relación con el eje de la marca o sus líneas principales.

 

Hipótesis respecto a la función de las marcas de cantero


 

Ya hemos dicho en otras ocasiones que la ubicación de una marca en el espacio limitado del sillar o en el paramento es importante para conocer la posible función de la misma, pues nos indicaría si la marca fue confeccionada antes, durante o después de instalar el bloque.

En cualquiera de los casos, desconocemos las razones que pudieron llevar al cantero a marcar la piedra que labra o que acaba de colocar en la hilera, pero podemos citar algunas funciones a pesar de no disponer de documentación fidedigna que corrobore las hipótesis que exponemos.

 

• Función de señal

Según el arquitecto Violet le Duc (1814-1879) las marcas de cantero sobre el sillar eran la firma de la Hermandad o Cofradía que las había labrado con objeto de señalar el trabajo ejecutado y así ser abonado por el capataz de la obra. Esta función podía ser cierta en la época del constructor parisino, cuando las Cofradías se habían abierto a canteros liberales y no estaban sujetos a la disciplina de la Hermandad. Además, parece improbable que el capataz necesitara estas señales para conocer el avance de la obra. Lo más probable es que las Cofradías ofrecieran sus servicios por faenas cerradas en las que se pondrían de acuerdo sobre el total del montante económico y la propia Cofradía se encargara de abonar las peonadas a los aprendices y compañeros.

Si la hipótesis de le Duc fuera cierta, ¿por qué entonces sólo se señalan algunos sillares, hay profusión de marcas en sillares correlativos, ubicados en lugares indiferentes, no se repiten las formas o no se dan marcas que señalan el comienzo de una serie y el final de otra?

 

• Función de lenguaje

La mayoría de las marcas son dibujos esquemáticos, confeccionados sobre estructuras o modelos geométricos, empleando la línea ejecutada con puntero o rayadas, que tratan de expresar la quintaesencia de los seres y objetos de la Naturaleza. Conformaban un lenguaje de signos, como los signos y gestos que utilizan actualmente los miembros pertenecientes a una misma Cofradía, evitando así la injerencia de extraños. Estas señales estarían clasificadas según la escala del cantero: habría señales para los aspirantes a aprendices, encargados del trabajo más rudimentario, tanto en la cantera como a pie de obra; señales para el aprendiz y señales, también, para el compañero. Existirían otras señales, traducidas a marcas para comunicarse con los compañeros de otras Cofradías, como saludos, bienvenidas, y expresiones comunes que unían a toda la camaradería europea. De este modo, se facilitaba el intercambio de compañeros, canteros hábiles que iban de una obra a otra mostrando sus habilidades en armar arcos, cerrar bóvedas o levantar muros que sobrepasaban las medidas de seguridad. También habría signos de un lenguaje común, para explicar la herramienta utilizada o el tipo de faena que debía practicarse en el sillar.

La razón de este lenguaje, simbólico y secreto, debía cumplir una doble finalidad: servía para comunicar órdenes de trabajo, con una finalidad meramente práctica; y era, al mismo tiempo, una exposición gráfica de símbolos que servían para elevar el significado de la faena a emprender, contribuyendo a perfeccionarse como persona.

La labra de una piedra destinada a sillar, remate o dovela, conlleva muchas operaciones[1], como por ejemplo el pulido (acabado liso y brillante), flameado (superficie basta o irregular), apomazado (acabado más natural con muela de carborundum) o amolado (superficie basta con la misma muela de carborundum), escafilado (acabado irregular a cincel), cortado (con las huellas del corte), etc. Y cada una de estas operaciones implicaba un sentido moral o espiritual; de manera que el cantero no labraba únicamente el sillar sino que modelaba su carácter, le daba sentido a cada golpe ejecutado, comprendía el sufrimiento de la piedra.

Es por este doble sentido de la marca que el cantero prefiere emplear grafías fundamentadas en claves geométricas simples. La capacidad de abstracción que posee la Geometría servía como soporte perfecto a este lenguaje oculto y esotérico. Era la estructura básica sobre la que se articulaban los signos lingüísticos de orden interno.

Por esta razón, la mayoría de las marcas se dejan auscultar bajo los auspicios de la Geometría; nos hablan desde este prisma geométrico, partiendo desde el modelo elegido (que nos proporciona una primera pista) hasta las distintas variantes que enriquecen el concepto. De esta forma, este método geométrico aplicado a las marcas viene a demostrar que el signo no es un mero dibujo superficial, sino el vehículo del que se vale el cantero para expresar valores que conoce y practica.

En la mentalidad del hombre medieval, durante la labra de un sillar se libera de las ataduras de lo material; cada golpe lo eleva de la materia y le descubre la parte divina que existe en todo cuanto le rodea. Dios es omnipresente: Es el triángulo equilátero cuyo centro es un ojo que lo vela todo. Cada piedra se labra con devoción casi mística, lo acerca a Él; obedeciendo ciegamente al oficial y al maestro, humilla y disciplina el cuerpo, liberando la dimensión espiritual que sabe que posee, y dejándola fluir por la Naturaleza hasta mimetizarse con ella. Entonces, se hace copartícipe de la Obra de Dios.

Así, encontramos marcas de segmentos cuyos extremos son rectos, como indicando límites de una medida (como las acotaciones de los planos actuales), que señalarían un sillar rasado, sin holguras; cuando los extremos son [>---<) tendrían que estrecharlos de los laterales para que encaje en el hueco; o llevan [<---->) que debe dejarse holgura. Una flecha señalando una cara lateral, que deben revisarse; la marca de las regla de medir [W, M, N] que deben revisarse las medidas; etcétera. Asimismo, indicaría el tipo de tratamiento formal que habría que darle: la marca de una escoda, que debe alisarse esa cara; el doble triángulo unido o superpuestos sus vértices, que el sillar debe ir unido al siguiente o al anterior mediante una grapa o rampón; la marca de una llave, que el sillar tiene una cara hundida por donde debe encajar un añadido del sillar contiguo a fin de que no se muevan.

 

• Función como símbolo

La forma esquemática que muchas marcas poseen la hacen contenedora de un simbolismo, a veces, no intencionado sino más bien sugerido. Es difícil para un investigador no ver en una marca con forma circular, toda la carga simbólica del círculo, el huevo cósmico que contiene en germen, lo que se desarrolla dentro; el límite entre lo externo, alejado de la verdad guardada en el interior, y los iniciados de dentro, donde el centro es estático, origen y germen, al que Proclo de Alejandría decía que «todos los puntos del círculo están en el centro, que es su principio y final».

En la marca de una cruz, se dibuje en solitario o sea la confluencia de otras líneas que figuren peanas, triángulos, cuadrados, etc., es el símbolo de la estructura matemática y geométrica capaz de conectarnos con la luz del inconsciente (a la que imita cuando se entrecruzan las dos cruces: latina y griega), que coincide con la estructura del cosmos.

Cuando se combinan ambas marcas (un círculo atravesado por una cruz centralizada) sugiere la imagen de la uniformidad, perfección, homogeneidad, integridad, inmutabilidad, divinidad, mundo, cosmos… Pero hemos analizado marcas en las que esa cruz se desplaza del centro, significando con ello el caos, lo imperfecto, el mundo material.

El Cuadrado es la materia, el Universo creado, el mundo estable y símbolo de lo sólido. Cuando se divide en cuatro partes iguales por la confluencia de sus medianas, representa a los cuatro espacios del templo, las cuatro partes de las plantas (raíz, tallo, ramas y hojas), las cuatro especies de animales, los cuatro vientos, las cuatro direcciones del espacio y los cuatro elementos (agua, tierra, aire y fuego).

Los puntos interiores de los polígonos, teóricos o marcados con punteros o berbiquíes, representan el santo centro. Los peregrinos que hacían el camino, siguiendo el laberinto de la vida, llegaban al templo y daban vueltas alrededor del centro marcado (la figura del santo, objeto sagrado, etc.)

Para Juan Escoto, el Unus Mundus, el universo único preestablecido en Dios es creado o manifestado, desde el momento en que Dios existe en él. «Dios se crea a sí mismo al crear a los seres.» El Arquetypus Mundus, la idea de mundo en el espíritu de Dios, en cambio, es el Universo preexistente, la piedra filosofal; porque Dios creó al mundo mediante el número, la medida y el peso, identificándolo a un orden matemático: Dios es Geometría.

Conocer el yo interno a través de las cosas manadas de Dios, es contactar con nuestro centro, con nuestra realidad integral. De ahí que el símbolo sea un medio para llegar a la abstracción de la simplicidad que radica en todo lo viviente y animado.

 

• Función iniciática

¿Conocían los canteros esta verborrea simbólica, este micromundo gráfico? Probablemente lo intuían y lo emplearían de modo inconsciente, como un conocimiento delegado, instruido durante una sesión iniciática, o captado por similitud con las cosas que observaba de la naturaleza: El Sol, los astros, los granos de arena, el planeo horizontal y placentero, la caída en picado, el silencio del vacío interior, etc. El trabajo del cantero medieval le permitía mimetizarse con la piedra que labraba, para intuir la fuerza que debía aplicar al mazo y levantar la lasca precisa, apenas una minúscula lámina. Esta capacidad de mímesis la aplicaría a todo aquello que captase su atención, y así extraer un concepto abstracto que de otro modo no podría obtener.

El mundo en el pensamiento medieval es platónico [Timeo], es ser o devenir; es decir, o es lo que es siempre y no cambia nunca, o es lo que nunca es y siempre cambia. El primero es el mundo sensible, porque lo que ha existido siempre no ha nacido nunca; el segundo es el mundo de las ideas, lo que siempre está naciendo sin llegar a existir jamás. Por ello, el ser paciente y observador, preocupado por conocer lo que su interior encierra, y los lazos que lo une a lo intangible e inmutable, comprende que el orden es superior al desorden, lo simple a lo complejo y que lo óptimo no puede tender a lo bello porque ya es lo mejor.

Al analizar algunas marcas hemos descubierto que siguen un programa de carácter iniciático; de modo que, siguiéndolo se llega a descubrir la verdad, simple y pura, que encierran; aunque esto no sea aplicable a todas las iglesias.

En su mayoría son dibujos esquemáticos de herramientas o de labores prácticas concretas que encierran un doble sentido, material y espiritual, que seguido en la dirección indicada, son capaces de desarrollar órganos internos que se hallan atrofiados.

Las marcas iniciáticas albergaban signos específicos de grado, símbolos capaces de recoger de una manera sintética las virtudes y méritos para poder merecer el acceso a los grados superiores. Se hallarían a diferentes alturas, y a veces respondiendo a un itinerario que cambiaría dependiendo de la época constructiva. Es muy probable que las iniciaciones de los distintos grados de aprendiz, compañero y maestro, se produjeran a pie de obra y siguiendo el itinerario marcado por ciertas marcas. Es así como tendrían sentido las alusiones a virtudes que el aprendiz y el compañero masón debe respetar para construir el templo interior a través del trabajo especulativo. Las marcas serían dibujos alusivos a herramientas que, a su vez, implicarían símbolos de los secretos que el propio trabajo le revela al cantero durante la obra. Paciencia, perseverancia, pensamiento, tenacidad, vigilia, amistad, observación.

Estas marcas actuarían como Arcanos menores de virtudes que la Cofradía recomendaría poner en práctica para lograr la Iluminación. Su objetivo como umbrales de acceso es para que el neófito se ejercite y desarrolle el don de observar y pensar. La Hermandad entonces, actúa como el amigo en el que confiamos ciegamente, que se da a los demás, que sirve a Dios sirviendo a sus hermanos.

En este sentido, los signos representarían “palabras de pase” que el aspirante debe conocer, comprender y practicar para tener acceso a los siguientes grados. De este modo podríamos agrupar, por ejemplo, las marcas en grupos de dibujos relacionados con las faenas de los distintos grados de la maestría: Aspirante o neófito; Aprendiz; Compañero; Oficial y Maestro.

El candidato pide luz porque vive encerrado en la prisión natural. Para acostumbrar sus ojos a la luz, la Hermandad le encomienda faenas físicas acompañadas con pequeñas pruebas donde pueda desarrollar su capacidad e interés por aprender. No existirían marcas que hagan alusión a estos trabajos puramente físicos; aunque sí a la actitud receptiva del aspirante como garza que merodea en la charca a la caza del pececillo perdido, marcas de espacios abiertos, figuras geométricas inacabadas o apenas iniciadas, una Luna en cuarto creciente, una A mayúsculas sin destacar, como inicial de “aspirante”.

Para el aprendiz, las marcas que signifiquen templanza, que ayuden al corazón a medir y a la mente a controlar, como las cuñas de madera que colocadas en el lugar indicado de la piedra son capaces de romperla, objetos y herramientas que en las manos apropiadas nos acercan al mundo interior de los seres y objetos más simples: el compás que mide y dibuja, los signos de equilibrio y prudencia, etc. Para el aprendiz, la cantera es el mundo, la sustancia cósmica que debe seleccionar, como las piedras con las que construirá el edificio del templo: su yo interno.

Para el compañero, las marcas son más amplias, poseen otra categoría de significado, un conocimiento más sutil y complejo de desentrañar. Podría estar toda su vida de cantero como compañero y no llegar siquiera a sospechar dónde reside la sustancia del espíritu. En su desarrollo necesitará, además de experiencia y conocimientos, don de mando y comprensión. Así, los dibujos esquemáticos de martillos, hachas, mazos, cinceles, raspadores, escoplos, balanzas, pinzas de transporte y colocación de piedras, berbiquíes; las diferentes flechas que marcan donde rebajar el sillar o dónde pulirlo, escuadras y trazadores de ángulos se convertirán en pozos de sabiduría donde calmar su sed de conocimiento.

Para el oficial, las marcas harían mención a la regla, al compás de medida, a llaves, a igualar y marcar medidas, asentar los bloques, cerchas para arcos, diferentes polígonos que indicasen las formas de cada cara en los sillares irregulares o singulares, piezas de unión, grapas, rampones, cruces simples.

Para el maestro, marcas de bastón, la espiral de la búsqueda eterna, cruces complejas, círculos orientados y círculos de equilibrio, llaves, gorro, etc.

 

• Función mágico-religiosa

Los dinteles de piedra presentan inclinación hacia el exterior, de manera que se compensen unas en otras y equilibran la tensión generada por el peso. Estas piedras especiales reciben el nombre de dovelas y son las utilizadas para cubrir vanos. Son labras muy especiales, no exentas de peligros, al igual que las piedras de remate y vierteaguas. A veces, la piedra se suelta de la pinza y cae al suelo rompiéndose; o durante la labra se malogra. Para evitar estos incidentes, se marcaban con signos que infundieran en la piedra el halo protector necesario para el buen fin de la obra.

Las marcas serían así dibujos esquemáticos de seres y objetos del mundo, cuyas virtudes y quintaesencia se requerían para que ese determinado bloque resistiera el paso de los tiempos soportando el trabajo encomendado.

 

• Otras funciones

El investigador de marcas debe desmitificar al cantero como portador de fórmulas geométricas desconocidas, con capacidad para dominar contenidos místicos por encima de lo que es práctico y cotidiano. Querer ver en una marca números de oro, secciones áureas, razones geométricas complejas, trazados singulares o conclusiones astronómicas que se han descubierto recientemente, en mi opinión, se sale de la realidad.

El cantero trabajaba con recetas geométricas, cuyo contenido complejo era conocido por el maestro constructor, o por destacados oficiales; aunque desconocidos para eldominio general. A lo sumo, aplicaba procedimientos para solucionar problemas simples de aumento o disminución proporcional de una forma tridimensional, una especie de razón proporcional, de características homotéticas, fundamentadas en la razón simple de Thales de Mileto, conocida desde la antigüedad y que el sabio griego habría aprendido en Egipto.

No obstante lo anterior, existen ciertas tipologías de marcas (como las que imitan las formas de ballestas o lambdas) en las que se han descubierto notables coincidencias proporcionales con las formas del templo en donde se encuentran grabadas. A pesar de haberlas llamado inapropiadamente “marcas de planimetría”, pues no poseen la capacidad técnica de ajustarse a las medidas, pueden constituir una fuente documental con más contenidos de lo que podemos intuir a primeras. El hecho que contengan proporciones a las que, a priori, podemos considerar que el cantero no tuvo acceso, me hace pensar que en su planteamiento o incluso en su ejecución intervino el mismo maestro constructor. Y es muy probable que incidiendo más en su estudio comparado nos desvelen la arquitectura práctica empleada por el constructor durante la planificación del templo y su ejecución sobre el terreno. El tiempo y el descubrimiento de nuevas marcas nos darán o nos quitarán la razón.

 

© Álvaro Rendón Gómez

 



 

[1] Pulido: Se trata de un acabado liso y brillante. Se obtiene a base de pulimentar la piedra original hasta conseguir un buen acabado. Es el que normalmente se emplea para las piezas utilizadas en aplacados, fachadas ventiladas.

Flameado: es un tratamiento que se da con lanza térmica, generando una superficie basta o irregular al desprenderse lascas por la dilatación superficial de la piedra producida por la llama.

Apomazado: a la piedra se le da un tratamiento con muela de carborundum, lo que le proporciona un acabado más natural.

Escafilado: tratamiento superficial mediante cincel creando una superficie irregular.

Cortado: La piedra se coloca recién cortada con el disco de diamante, quedando las huellas del corte.

Amolado: la piedra se trata con muela de carborundum quedando una superficie “basta”.