Ficha del edificio 100 - San Bartolomé de Ucero en UCERO, SORIA (1200-03-04 a 1219-09-21)

Nomenclatura


Características

Inicio construcción: 1200-03-04 Fin construcción: 1219-09-21 Clase: DE CULTO Tipo: ERMITA Estilo: ROMÁNICO

Cenobio tardorrománico con elementos góticos. Advocación a la Virgen de la Salud y al Santo Cristo del Miserere.

La ermita románica de San Bartolomé despliega una poderosa arquitectura de formas puras, ajenas a cualquier ornato. La esencialidad del diseño de esta planta de cruz latina responde a los criterios tradicionales de la arquitectura sagrada que, como en el caso de las qabbahs islámicas y los stûpas búdicos, huye de lo accesorio en busca de la proyección de una imagen arquetípica que va más allá de los estilos, las épocas y los condicionantes religiosos o políticos.

Para su construcción se utilizó un magnífico aparejo de sillería caliza, sin parangón en la provincia, con la excepción de la iglesia de Santa María de Tiermes. Es evidente que no se trata de un «templo menor», como indica la perfecta disposición de los paramentos a pesar del acentuado desnivel sobre el que fue levantado. Una obra así requiere una fuerte inversión y la participación de un gremio de constructores altamente cualificado, como indica el cubrimiento de la bóveda del ábside, pues ya incorpora las soluciones del nuevo estilo arquitectónico procedente de Francia que estaba siendo aplicado en la construcción de la cercana catedral del Burgo de Osma.


Historia

En uno de sus libros sobre este enclave soriano, ya Campomanes considera que la ermita de San Bartolomé de Ucero es un cenobio templario. Esta iglesia románica de poderosa factura, construida a principios del siglo XIII, se encuentra a medio camino entre Soria y Burgos, en la comunidad de Ucero, Nafría de Ucero y Herreros de Soria. Sin embargo, la historiografía oficial niega cualquier filiación templaria. A pesar de la relevancia de una construcción de tan notable factura y dimensiones en el archivo catedralicio de la diócesis de Osma, del que depende la abadía de San Bartolomé, no se conserva ningún documento sobre su fundación, por lo que no sabemos a ciencia cierta quiénes fueron sus promotores ni qué orden monástica ocupó el templo durante los más de doscientos cincuenta años en que no hay noticia de la existencia de ninguna iglesia en el cañón del río Lobos.

El documento más antiguo que se conserva es del año 1477, cuando el obispado de Osma fundó la abadía de San Bartolomé. Como es natural, este extraño vacío documental, ha fomentado todo tipo de teoría y especulaciones. Hay quienes defienden que la verdadera advocación del templo es la de San Juan, y que en realidad se trata de la iglesia del desaparecido convento templario de San Juan de Otero, tal y como aparece en una bula del papa Alejandro III, del 10 de octubre de 1170, donde es mencionado como uno de los doce monasterios más importantes que la Orden del Temple tenía en la península Ibérica. El primero en afirmar que la ermita románica de San Bartolomé es la iglesia del desparecido convento templario de San Juan de Otero fue el historiador de la diócesis Juan Loperráez en el año 1788. El nombre de este convento y su ubicación en tierras sorianas figura en una bula del Papa Alejandro III, del 10 de octubre de 1170, siendo citada posteriormente por Francisco Rades de Adrada (1572), Argote de Molina (1588), Pedro Rodríguez de Campomanes (1747), Juan de Mariana (1789) y Santiago López (1813).

Hacia el año 1212 las tierras de Ucero, que hasta entonces habían sido repartidas entre la Mitra de Osma, la nobleza y las Órdenes Militares, pasan de una jurisdicción de realengo a convertirse un señorío nobiliario. Como primeros propietarios figuran en los documentos los nombres de Juan Gonzalo de Ucero y otros, entre ellos, los señores de Cameros. Todos ellos formaron parte de las fuerzas que participaron en la batalla de las Navas de Tolosa.

En el año 1270 tenemos noticia de doña Juana González de Uzero, posiblemente nieta del anteriormente citado Juan Gonzalo de Uzero, de la que sabemos que donó a la iglesia de Osma varias propiedades en Ucero. En al año 1272 el señor Juan García en su testamento cede a su segunda esposa, María Alfonso de Meneses, el señorío de Ucero. Al enviudar pasó a residir en el castillo de Ucero y es cuando mantuvo relaciones con el infante Sancho, que pocos años después se convertiría en rey de Castilla. Fruto de esas relaciones nace una niña a la que llaman Violante Sánchez. La madrina fue María de Molina, la que finalmente acabaría siendo la que casó con Sancho IV, convirtiéndose en reina.

Violante Sánchez recibió el señorío de Ucero por donación de su padre. Sinembargo, Violante se enemistó con su hermanastro, el rey Fernando IV, cuando su marido, Fernando Ruiz de Castro, se rebeló contra él. Tuvo que refugiarse en Portugal. A su regreso ingresó en la Orden de Santiago a la que cedió todos sus bienes a su muerte aunque no se viera cumplido este deseo. Es este el periodo más complejo. Tiempo en el que se sucedieron las luchas entre nobles y la anarquía llegó a amenazar la unidad de Castilla. Uno de estos señores, Juan García de Villamayor aprovecharía esta situación para apoderarse por las armas  de Ucero a favor del rey Fernando IV. Sin embargo, y viendo cercana la muerte parece arrepentirse por los excesos cometidos contra la Iglesia y resolvió el vender el señorío de Ucero a un precio irrisorio a la Mitra de Osma, venta fechada el 23 de mayo de 1302.

Aunque la venta a la Mitra de Osma acabó prosperando muchos nobles se declararon partidarios de Violante Sánchez para defender lo que consideraban eran sus tierras. Hasta tal punto llegó la disputa que en el año 1313 el obispo Juan Ascarón se levantó en armas contra Juan Fernández Padilla, señor de Calatañazor por haberse apropiado del señorío de Ucero. A estos efectos la compra del señorío de Ucero por la Mitra de Osma acabó por obtener el control del lugar. A pesar de todo, aunque la exhacienda templaria y el señorío de Ucero pasaran a manos de las instituciones eclesiásticas del Burgo de Osma, no se produjo ninguna supeditación jurisdiccional ni económica de ninguna de las partes y se llegó hasta el curato de Ucero, cuando en el año 1593, el cura párroco de San Bartolomé reclama el templo alegando que se encontraba en su jurisdicción.

Hacia mediados del siglo XVII los abades se van alejando de la ermita y está entra en un periodo de degradación. Se decide embargar al curato de Ucero para realizar las restauraciones. Tras todas estas disputas entre los abades del Burgo y el curato y las gentes de Ucero llegamos al año 1778, cuando la posesión de la ermita provocó un nuevo pleito entre ambas partes. El Procurador Sindico General denunció al Concejo por recaudar dineros de los comestibles que se vendían en la ermita el día de su festividad. El Concejo de la villa de Ucero alegó que así se había hecho desde tiempos inmemoriales. A día de hoy la villa sigue organizando y recaudando los impuestos de la romería.

A pesar de los documentos de los que tenemos noticia sobre la propiedad del señorío de Ucero por parte de otras personas en tiempos muy próximos a la desaparición de la Orden del Temple, la tradición afirma justo lo contrario, y “ni siquiera la ausencia de documentación puede negar la evidencia de la presencia de cabezas de templarios en los canecillos de la ermita, así como la acumulación de elementos que, si quiera por sus características, tienden a asimilar a este lugar la adscripción tradicional: figuras gemelas, toneles de vino, crucificados esquemáticos y signos pitagóricos”, según palabras del escritor Antonio Ruiz.

En opinión de Ángel Almazán, la creación del señorío de Ucero sobre el 1220, forzaría a los templarios a abandonar la Villavieja para "trasladarse al corazón del Cañón del Río Lobos. Así el convento de San Juan de Otero pasó a ser esotéricamente otero derivado de altarium, es decir, altar, pues la nueva ubicación ya no tenía una función exotérica sino iniciática", como se puede leer en su libro"Templarios, Sanjuanistas y calatravos en Soria".

Para algunos investigadores la ermita de San Bartolomé es en realidad la iglesia del convento de San Juan de Otero, mencionada en una bula del papa Alejandro III, del 10 de octubre de 1170, como uno de los doce cenobios templarios más importantes en la península Ibérica.

Una bula del papa Alejandro III, fechada el 10 de octubre de 1170, indica que en la diócesis de Osma la Orden del Temple tenía el convento de San Juan de Otero. La problemática surge cuando se trata de establecer su ubicación. Los cronistas Loperráez, Argaiz, poco antes del 1772, hablan de un origen templario de la ermita y de la propiedad del obispado desde el siglo XV. Así lo recoge el geógrafo Tomás López en su mapa de Soria.

Según el historiador local Alejandro Aylagas Mirón, fue Alfonso I el Batallador el fundador de la villa de Ucero. Tras el fallecimiento del rey aragonés en 1134 este territorio pasó a Castilla con Alfonso VII. Tras la muerte del último caballero templario, Fernán Núñez de Fuentearmegil, estalla la disputa entre la nobleza de Calatañazor y el obispado de Osma por las tierras inmediatas al entorno de la ermita y a la fortaleza de Ucero.

Rades aporta un dato importante: el nombre de un templario que lo fue de San Juan de Otero y que luego se hizo calatravo y a la muerte del cual se desató un pleito entre estas dos órdenes militares para hacerse con los bienes de su testamento y con el control del señorío de Ucero, que incluía los terrenos de la ermita. Pues bien, dicho templario era natural de Fuentearmegil, a unos escasos 6 km de San Bartolomé de Ucero, su nombre era Fernán Núñez de Fuentearmegil.

El supuesto convento templario de San Juan de Otero tendría que haber sido anterior a la muerte de Fernán Núñez. El cronista Gil González Dávila (1618) da noticia de que los templarios ya estaban en el obispado de Osma sobre el año 1150. Tras su muerte estalla la disputa entre la nobleza de Calatañazor y el obispado de Osma por las tierras inmediatas al entorno de la ermita y a la fortaleza de Ucero. Para el obispado de Osma las tierras del señorío de Ucero eran un plato muy apetecible, punto estratégico a medio camino entre Soria y Burgos. Finalmente el testamento de Juan García de Villamayor, tras una más que sospechosa compraventa el 23 de mayo de 1302, hace que estos territorios y con ellos, la iglesia de San Bartolomé, pase a manos del obispado de Osma. El toponómino que aparece en esta transacción es Utero. Es curioso que el obispo Juan de Ascarón tuviera que batallar contra Juan Fernández de Padilla, señor de Calatañazor y pariente de maestres calatravos para conservar el señorío de Ucero.

Es muy posible que alrededor del año 1300 aún existiera una comunidad de monjes-guerreros ocupando la ermita de San Bartolomé. Tras haber abandonado el castillo y las tierras del señorío de Ucero, se habrían retirado al interior del cañón. El apresamiento del Jacques de Molay, el último Maestre de la Orden del Temple, y la disolución en Francia de esta orden de caballería, orquestada por los intereses del ambicioso rey Felipe el Hermoso,habría obligado finalmente a que los freires tuvieran que abandonar el cañón del río Lobos.

Tras el último intento de arrebatar estas tierras a la Mitra de Osma por parte del señor de Calatañazor, y ante el acoso y derribo de la Orden orquestados por Felipe el Hermoso, el ambicioso rey de Francia, y el papa Clemente V, hubieron de abandonar forzosamente el cuidado del templo y de los cultos o enseñanzas que allí se impartían, llevándose con ellos todos los secretos que conformaron su génesis y función.

Si la intención del cabildo de Osma era borrar la huella de los orígenes templarios de la ermita sustituyendo su antigua y verdadera advocación, no pudo hacer mejor elección; patronímico de San Bartolomé era uno de los pocos santos que honraba alto la Orden del Temple, como así lo indica el artículo 78 de la Regla establecida por San Bernardo de Claraval. Ese día era de ayuno obligado.

Mucho antes que la ermita de San Bartolomé hubo otro templo cuya bóveda era el cielo y su altar la formación rocosa llamada hoy el Balconcillo. Alejandro Aylagas, buen conocedor del entorno y la historia del cañón del río Lobos, señala la importancia del lugar como espacio de culto ancestral. A escasos metros de la iglesia se encuentra la Cueva Grande, el templo primordial, donde se han encontrado las representaciones esquemáticas de arte rupestre más antiguas de la zona. Aún se pueden observar restos de antiguos paredones y el arranque de un puente de piedra, además de otro tipo de huellas, como oquedades y mechinales practicados en las rocas, quizás las huellas un antiguo cenobio eremítico. No parece casual que la tradición local se refiera a esta gran caverna como «la Capilla», quizás recordando los días en que la caverna fue el primer cenobio eremítico, antes de que se construyese la iglesia románica; o porque era el lugar donde los templarios realizaban sus capítulos más secretos. Era frecuente que el espacio más sagrados de los templos se ubicasen en cuevas o criptas anexas, como es el caso de San Baudelio de Berlanga o San Saturio en la misma Soria.

Es en estas criptas y cuevas en donde el hombre puede alcanzar los grados superiores del conocimiento aprovechando la soledad profunda de la tierra. Según algunos autores, el templo del río Lobos tendría un alto valor para los fines esotéricos de la Orden de Temple, acaso el lugar donde los freires realizarían estudios de la "realidad superior", como señalan entre otros Ángel Almazán y Alejandro Aylagas.

Uno de los investigadores que más ha indagado este asunto es Juan García Atienza quien, allá por el año 1979, escribió:

El caso del convento templario del valle del río Lobos es esclarecedor y puede servir de ejemplo a esta geografía mágica, que no sólo no ha sido debidamente estudiada, sino que conduce al convencimiento de que muchos de los llamados fenómenos ocultistas se relacionan tanto con las características geológicas del suelo sobre el que suceden, como por la situación geográfica de determinados núcleos mágicos. Los templarios, al elegir este lugar, tenían que poseer necesariamente unos conocimientos cosmológicos que la ciencia histórica racionalista se niega sistemáticamente a reconocerles. Y más aún, sospecho con fundamento que esos conocimientos les habían llegado de una tradición remota que la orden se cuidó de investigar, estudiando desde muchos de sus establecimientos la continuidad mágica que se remontaba hasta los tiempos más oscuros de la historia.

© Rafael Fuster Ruiz

 

Bibliografía


 

AYLAGAS MIRÓN, Alejandro

- La ermita templaria de Ucero (Soria). Apuntes históricos y notas para la visita a un enclave mágico.  4ª edición. Gráficas Cremor.

 

ALMAZÁN DE GRACIA, Ángel

- Esoterismo templario. Editorial Sotabur. 2ª edición, abril de 2005.

- Templarios, Sanjuanistas y calatravos en Soria. Editorial Sotabur, Soria, 2005.

 

RADES, Andrada

- Crónica de la Órden de Calatrava (1572 folio 16 v).

 

GARCÍA ATIENZA, Juan

- La meta secreta de los templarios. Editorial Martínez Roca. Barcelona. 2001.

 

RAMÍREZ, Teodoro

- San Juan de Otero. Iglesia de los templarios. Editorial Recuerdo de Soria, nº 8, 1906.

 

NÚLEZ MARQUÉS, Vicente

- Guía de la catedral del Burgo de Osma y breve historia del obispado de Osma. Editorial Grafical, Soria.

 

ALARCÓN, Rafael

- La huella de los templarios.  Editorial Robinbook, Barcelona, 2004.

 

VARIOS

- Gran guía de la España templaria. Editorial Aguilar, Temple España 2007.


Planimetría

Románico tardío con elementos protogóticos, como la portada meridional o la bóveda del ábside. Posible escuela aquitana por la factura de algunos lapidarios y otros elementos simbólicos. Se puede hablar de ermita de formas cistercienses por muchos de sus elementos como los arcos torales, las columnas interiores, el tallado del paramento, la bóveda gótica y su engarce con el arco fajón del presbiterio como sucede también en las iglesias abaciales de los monasterios de Santes Creus, Veruela y Poblet.

Para Gaya Nuño la estilización del templo corresponde al primer tercio del siglo XIII, Martínez Frías estima que los "es muy posible que los trabajos no concluyeran antes de los últimos años del primer cuarto de esa centuria", mientras que Nuño González considera que la iglesia, a excepción del pórtico meridional, "está hecho en el mismo momento, con toda probabilidad ya dentro del siglo XIII, como parece demostrar el abovedamiento del ábside", y la portada a medidos de esa centuria, siendo el único, como nos recuerda Ángel Almazán, en señalar esto.

Para Martínez Frías "la cubierta del ábside se despega ya del patrón románico, pues la bóveda de horno, al igual que en San Juan de Rabanera, ha sido sustituida por una bóveda de ojivas, aunque aquí no se emplean gallones, como en la bóveda soriana, sino plementos apuntados. Los nervios, de perfil triangular, imitan a una cúpula gallonada. Estos arcos arrancan de capiteles tipo cisterciense, con hojas planas, adaptadas al cuerpo del capitel, y que, en la parte superior del mismo, forman los consabidos crochets. Los capiteles descansan, a través de un cuerpo troncocónimo, en ménsulas constituidas por rostros humanos de factura goticista".

El alzado en cruz latina es netamente románico, pero con detalles ya propios del gótico. Así la puerta principal, al sur, con sus seis arquivoltas muy apuntadas con austera decoración de baquetones, flores cruciformes, hojas de acanto y puntas de diamante o estrellas.

Los brazos de la nave transepto dan luz al interior a través de dos rosetones que son dos estupendos ejemplos de celosías románicas concéntricas de influencias mozárabes. En el claustro de la catedral de Tarragona se pueden encontrar unas celosías con un tipo de tracería muy similar.

La planta de la nave central es igual a cuatro áreas cuadrangulares, más las dos áreas relativas a las capillas del crucero: la geometría de un cubo desdoblado en el plano. Además hay que destacar un detalle que hace de San Bartolomé un caso atípico dentro de lo que es la arquitectura religiosa soriana y la arquitectura religiosa en general. La nave del crucero es más baja que la nave central, por lo que no se tuvo que levantar un cimborrio en la intersección de ambas naves.

En el interior del templo, según Gaya Nuño, "esta impresión de iglesia semigótica se modifica un poco ante la estructura, en general, románica. La nave central, de cuatro tramos abovedados con cañón muy apuntado, se divide por arcos fajones. Una imposta de medio junco muy grueso recorre la nave y sirve de ábaco a los capiteles de robustas columnas, casi exentas, que sostienen los arcos fajones. Hacia los pies, en el tramo en que algunas ménsulas indican dónde estuvo el coro primitivo, los dos primeros capiteles son de labor de rombos con cabezas, tema de sugestión bernarda, y los segundos de palmetas apenas esbozadas".

En el ábside es notable la bóveda que lo cubre, ya totalmente gótica, con tres plementos que convierten el semicírculo en medio hexágono con un botón pegado al centro del fajón, del que arranacan dos nervios de cinco juncos. En opinión de Gaya Nuño, " la presencia de esta boveda gótica en muy lógica en una iglesia de templarios tan cercana a Osma, cuya catedral había sido comenzada en el preimer tercio del siglo XIII, en el más puro estilo gótico de la isla de Francia. La iglesia de Ucero no parece haberse terminado mucho antes, aunque su estructura sea románica, estilo en que se diseñó su planta, alzado y abovedamiento".


Toponimia

San Bartolomé

Según el Evangelio de Juan, Natanael fue uno de los discípulos a los que Jesús se apareció en el Mar de Tiberiades después de su resurrección (Juan 21:2). Según los Hechos de los Apóstoles, fue también testigo de la ascensión de Jesús (Hechos 1:13).

Según una tradición recogida por Eusebio de Cesarea, Bartolomé marchó a predicar el evangelio a la India, donde dejó una copia del Evangelio de Mateo en arameo. La tradición armenia le atribuye también la predicación del cristianismo en el país caucásico, junto a San Judas Tadeo. Ambos son considerados santos patrones de la Iglesia Apostólica Armenia.

En el arte se suele representar con un gran cuchillo, aludiendo a su supuesto martirio, según el cual fue desollado vivo. Por esta razón es el patrón de los curtidores.También se le representa sujetando con una cadena a una diablesa. El origen de este símbolo puede ser doble: 1º en los evangelios apócrifos, San Bartolomé requiere a Cristo resucitado que le muestre al maligno "Belial", después de habérselo mostrado, Jesús le indica "Písale la cerviz y pregúntale"; 2º según la tradición, expulsó a un demonio, denominado Astaroth, de un templo donde éste vivía dentro de una estatua. San Bartolomé demostró la ineficacia de la estatua, que decía curar las enfermedades, expulsó al demonio y consagró el templo a Jesús.

San Bartolomé era uno de los pocos santos que honraba alto la Orden del Temple, como así lo indica el artículo 78 de la Regla establecida por San Bernardo de Claraval. Ese día era de ayuno obligado. Hay otros diez lugares en España con enclaves templarlos donde aún se festeja a la iglesia de San Bartolomé.

 

San Juan de Otero

Para Florentino Zamora Luca en sus estudios sobre los templarios y Ucero señala que el enclave de San Juan de Otero de la bula papal de Alejandro III debe corresponder a un otero, y lo encuentra en el cerro de Villavieja, junto a la fortaleza de Ucero. Allí aún se pueden visitar unos antiguos restos de una iglesia.

Por otro lado, Zamora Luca advierte que el cronista calatravense Rades y Andrada se equivocó al ubicar a San Juan de Otero a tres leguas de Soria, en el cerro de San Juan. Sin embargo es el mismo Rades el que aporta un dato fundamental: el nombre de un templario que lo fue de San Juan de Otero y que luego se hizo calatravo y a la muerte del cual se desató un pleito entre estas dos órdenes militares para hacerse con los bienes de su testamento y con el control del lugar. Pues bien, dicho templario era natural de Fuentearmegil, a unos escasos 6 km de San Bartolomé de Ucero, su nombre era Fernán Núñez de Fuentearmegil.

Para la opinión de Ángel Almazán, la creación del señorío de Ucero sobre el 1220, forzaría a los templarios a abandonar la Villavieja para "trasladarse al corazón del Cañón del Río Lobos. Así el convento de San Juan de Otero pasó a ser esotéricamente otero derivado de altarium, es decir, altar, pues la nueva ubicación ya no tenía una función exotérica sino iniciática" (op cit. Templarios, Sanjuanistas y calatravos en Soria). Por otro lado, para Juan García Atienza, San Juan de Otero ha sido confundido con San Bartolomé de Ucero. El estudioso soriano, Clemente Sáenz lo sitúa entre Matute de la Sierra y La Rubia, por las estribaciones de la sierra del Almuerzo, allá donde la tradición ha situado el fatal desenlace de la historia de los Siete Infantes de Lara. Para Clemente Sáenz el lugar fue desde su fundación sanjuanista.

 

Río Lobos

El canónigo Vicente Núñez Marqués contaba que "por los pueblos próximos a esta ermita se conserva la tradición de estos valientes caballeros Templarios. Yo, en el año 1913, pude saborear el ingenuo relato salido de los labios de un anciano residente en Aylagas. Me hablaba de cosas fantásticas; de la riqueza de aquellos monjes; de encantamientos del próximo castillo de Ucero; de zahoríes, de las tentativas que se habían hecho por algunos audaces vecinos de los pueblos para subir a cuevas inaccesibles, metidos en un cesto pendiente de una maroma, en la búsqueda de fabulosos tesoros escondidos en las grietas de las rocas en el tiempo de la extinción, de cuyas tentativas él había oído de sus antepasados en las crudas noches de invierno al amor de la leña del enebro que ardía en las cocinas de campana; pero nunca me dijo algo que pudiera mancillar la honestidad de aquellos religiosos; lo cual demuestra que, si en otras naciones fueron culpables, en España no lo fueron.

 

Ucero

La primera referencia documental que se tiene de esta población data del año 1157, con el topónimo Uzero. En el año 1212 un caballero de Ucero participa en la batalla de las Navas de Tolosa. Es durante estos años cuando se produce la creación del señorío de Uzero.


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